23 de diciembre 2024
Hoy decidimos visitar el barrio de Mala Strana y el castillo. Salimos con la idea de desayunar en una cafetería cercana al hotel, pero no había sitio y decidimos comprar desayuno en el lidl, que nos fuimos comiendo mientras caminábamos por la calle Stefanikova. Nos adentramos en el barrio de Mala Strana para ver el muro de Lennon, que los checos usaban para expresar su disconformidad con el gobierno a través de grafitis. Estaba demasiado repintado y apenas se entendían los dibujos, además de haber muchas personas intentando hacer fotos. Muy cerca de allí está el museo Kafka con su graciosa fuente de dos hombres orinando. La siguiente parada fue en la calle más estrecha del mundo, en la que se hace cola para poder pasar cuando el semáforo se pone verde. Es un estrecho pasillo con escaleras que lleva a un restaurante a orillas del río, pero no tiene salida, así que hay que volver a tocar el botón del semáforo para salir de allí. Paseamos por el borde del río y llegamos hasta la iglesia de San Nicolás. Decidimos parar a comer en un restaurante antes de enfrentar la subida al castillo. Xavi pidió costillas y alitas de pollo, yo pollo rebozado. Como todo está en checo vamos a la aventura con el traductor y normalmente nos sorprende lo que nos traen. Comenzamos la subida por la calle Nerudova, llamada así por el escritor checo, del cual tomó su seudónimo Pablo Neruda. Las casas no tenían números en la época en que se construyeron por lo que se identificaban con pequeñas esculturas o imágenes en las fachadas.
Después de unas cuantas escaleras llegamos al Castillo de Praga que incluye en su recinto iglesias, museos y hasta la calle del oro, que no pudimos visitar porque había que pagar la entrada al castillo y estaban a punto de cerrar.
Seguimos rumbo a la torre Petrin para ver el atardecer. Entre cuestas y escaleras la subida se hizo larga. La torre se asemeja a la Eiffel de Paris, pues se construyó dos años después que esta, pero solo mide 60 metros. Aún así es el mirador más alto de Praga. Tomamos un refresco y comenzamos la bajada por el parque. Encontramos la estatua de un poeta checo que no conocíamos y que ahora sabemos murió muy joven y escribió un poema que fue reconocido mucho después de su muerte.
Nos quedaban unas calles para llegar al hotel y estábamos destrozados después de caminar 12 km. Compramos unos churros en el mercadillo de la estación Andel, y fuimos al hotel a descansar.
Finalmente no volvimos a salir, como buenos vagos, pedimos un bocadillo al servicio de habitaciones, cerveza y agua, y miramos series en el IPad.









































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